La sierra de Guadarrama cuenta ya con cien parejas de buitre negro
 
La colonia de buitres negros que alberga la sierra de Guadarrama ha superado este año las 100 parejas estables, la cifra más alta de su historia. En la década de los ochenta, la rapaz más grande de Europa se encontraba en estado crítico, con sólo una treintena de parejas, y hace poco más de diez años, en 1997, eran 40. A pesar de estos datos, el buitre negro sigue en peligro de extinción en Madrid. «Hace alguno años sólo poblaban el bloque central del valle alto del Lozoya», indica Juan Vielva, director del Parque de Peñalara. Actualmente, su hábitat primigenio sólo acoge al 40% de la colonia. Las personas implicadas en la conservación del ave carroñera confían en que esta proyección repercuta en la expansión de colonias estables hacia latitudes más norteñas. La población del valle del Lozoya, en Rascafría, y de Valdemaqueda representa el 5% del total europeo y fija la zona más septentrional de asentamiento en España. Los buitres negros construyen sus nidos en alcornoques y encinas, árboles propios de ecosistemas mediterráneos. La colonia de la sierra de Guadarrama es única en el mundo al estar asentada en un clima serrano. En este entorno, la rapaz nidifica en pinos silvestres, habitualmente entre los 1.100 y 1.800 metros de altitud, aunque han localizado un nido en el parque instalado en los 2.000. Marcar con anillos Con la llegada de la época de crianza, agentes forestales de la Comunidad comienzan a tomar muestras de sangre y a marcar con anillos a los pollos de buitre negro que han roto el huevo en primavera. Este año han nacido 57. Su justificación es recabar información para poder gestionar su población, advierte Javier de la Puente, técnico de SEO de la Comunidad de Madrid. Este procedimiento hay que realizarlo cuando el pollo tiene entre 40 y 70 días de vida. «Antes sería demasiado pequeño, cuando creciera daría de sí los anillos, y después de la fecha saltaría del nido cuando nos acercásemos», señala. A los 115 días el ave está completamente desarrollada y ya es apta para el vuelo. La operación comienza con la aproximación al nido. José Pedraño, agente forestal especializado en fauna y trabajo en altura, pertrechado con arnés y mosquetones, ajusta las cuerdas para trepar por un pino silvestre de 16 metros, que cobija en su cénit el nido con el pollo a marcar. No es mucho, ha llegado a ascender 32 metros para prender a un ave. La escalada se realiza con cuerdas estáticas usando técnicas propias de la espeleología. Con temple, sin realizar movimientos bruscos para no alarmar al animal, el especialista asciende por el tronco hasta alcanzar el nido. Los buitres adultos, generalmente, siempre lo abandonan al percibir a los agentes, aunque hay excepciones. «Peleón», un ejemplar que tiene tres metros de envergadura, «nunca se va y hay que reducirlo», indica José. A pesar del carácter esquivo que tienen los buitres, todos los agentes están marcados con cicatrices de heridas que estas rapaces les han infringido. Esta especie tiene la garza mucho más desarrollada que la del buitre leonado. Tras prender José al pollo, lo introduce en un petate militar; al terminar la operación, bajan el ave al firme asido con cuerdas. Allí lo espera Javier de la Puente con instrumentos para tomar las medidas y el peso de un ejemplar de 60 días y algo más de cinco kilos y medio. José permanece arriba hasta reponer al pollo en su nido. Descubrir su procedencia A continuación, Javier procede a acoplar dos anillos en la pata del polluelo. Mientras ejecuta la operación el ave permanece dócil, «por el estrés que tiene», indica. El anillo plateado permitirá, cuando muera el buitre, revelar su procedencia. El otro -de color amarillo- es visible con prismáticos a una distancia máxima de un kilómetro, lo que facultará estudiar su comportamiento durante el resto de su vida. Asimismo, recoge muestras de sangre para revelar su sexo y comprobar su estado de salud. Antes también se guardaban cultivos de la cloaca del animal para determinar cuáles son los valores normales de glucosa y colesterol de la especie. «Ya no es necesario, porque los parámetros están más que identificados», señala el director del Parque Natural de Peñalara Fuente y/o medio: abc.es Autor: Javier Royo Fecha: 18-7-11