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El campo es de todos, pero todos debemos respetar las normas y la seguridad.

En los últimos años el medio rural ha experimentado un cambio evidente. Cada vez son más las personas que salen al campo para practicar deporte, disfrutar de la naturaleza o simplemente desconectar del ritmo de la ciudad. Senderismo, ciclismo de montaña, fotografía de fauna o paseos por caminos rurales se han convertido en actividades habituales en muchas zonas de España.

Esta realidad es positiva. Significa que el campo sigue teniendo valor para la sociedad y que cada vez más personas descubren la riqueza natural de nuestro entorno rural. Sin embargo, también ha traído consigo una convivencia más intensa entre distintos usos del territorio: agricultura, ganadería, gestión forestal, caza, turismo rural o actividades deportivas.

En este contexto aparece una frase que se repite con frecuencia: “el campo es de todos”. Y en cierto modo es cierto. El medio natural pertenece a la sociedad y todos tenemos derecho a disfrutarlo. Pero esa afirmación suele olvidarse de una segunda parte igual de importante: si el campo es de todos, todos tenemos también la obligación de respetarlo y respetar las actividades que se desarrollan en él.

Uno de los ejemplos más claros de esta convivencia necesaria se produce durante las jornadas de caza. En determinadas épocas del año, especialmente durante la temporada general, es habitual que coincidan en el mismo entorno cazadores, senderistas o ciclistas que desconocen que en esa zona se está desarrollando una acción cinegética.

En muchos casos no existe mala intención. Simplemente falta información. Pero esa falta de conocimiento puede provocar situaciones de riesgo o conflictos completamente evitables.

 

La caza: gestión, tradición y responsabilidad

La caza forma parte de la cultura rural española desde hace siglos. Más allá del aspecto deportivo o tradicional, hoy en día cumple además una función importante dentro de la gestión del medio natural y del equilibrio de determinadas poblaciones de fauna silvestre.

Especies como el jabalí, el ciervo o el corzo han experimentado un crecimiento notable en muchas regiones de España durante las últimas décadas. Sin una gestión adecuada, este aumento puede provocar daños agrícolas, accidentes de tráfico o problemas sanitarios.

La actividad cinegética, regulada por las comunidades autónomas, permite mantener ese equilibrio mediante planes técnicos de caza que establecen cupos, periodos hábiles y modalidades autorizadas.

Pero además de esa función de gestión, la caza implica una importante inversión económica y organizativa por parte de titulares de cotos, sociedades de cazadores y gestores del territorio.

Entre otras obligaciones, deben afrontar:

  • Licencias de caza y seguros obligatorios.
  • Planes técnicos aprobados por la administración.
  • Tasas administrativas y permisos.
  • Arrendamientos de fincas.
  • Mejora de hábitats para la fauna.
  • Señalización de cotos y zonas de seguridad.
  • Organización de jornadas cinegéticas con medidas de seguridad.

 

Todo esto demuestra que la caza no es una actividad improvisada, sino una práctica regulada y sometida a un marco legal muy claro.

La importancia de la señalización durante las acciones de caza

Cuando se desarrolla una acción de caza colectiva, como una montería, una batida o un gancho, la normativa obliga a señalizar los accesos a la finca o a las zonas donde se va a desarrollar la actividad.

Estos carteles suelen indicar claramente mensajes como:

Acción de caza

Montería

Batida de jabalí

Prohibido el paso

Su objetivo es advertir a cualquier persona que acceda al lugar de que en ese momento se está desarrollando una actividad cinegética y que, por motivos de seguridad, no es recomendable entrar en la zona.

A pesar de ello, cada temporada se producen situaciones en las que algunos senderistas o ciclistas ignoran estas señales y continúan su ruta atravesando la finca.

En muchas ocasiones no se trata de una actitud desafiante, sino de simple desconocimiento o de la creencia de que esos avisos no tienen carácter obligatorio.

Sin embargo, entrar en una finca señalizada durante una acción de caza puede generar situaciones de riesgo innecesarias.

Durante una montería o una batida hay cazadores distribuidos por distintos puntos del terreno. Existen normas muy estrictas sobre dirección de tiro, distancias de seguridad o visibilidad, pero la presencia inesperada de personas ajenas a la actividad puede alterar el desarrollo normal de la jornada.

Por ese motivo, cuando existe señalización de caza lo más razonable es evitar la zona y utilizar rutas alternativas.

 

El Guarda Rural de Caza: garante de seguridad en el medio rural

En este contexto aparece una figura fundamental para garantizar el correcto desarrollo de las acciones cinegéticas y la seguridad en el campo: el Guarda Rural de Caza.

Los Guardas Rurales son profesionales habilitados conforme a la legislación de seguridad privada y cuentan con formación específica para desempeñar labores de vigilancia en fincas rústicas.

La Ley 5/2014 de Seguridad Privada establece que los guardas rurales ejercen funciones de vigilancia y protección de personas y bienes en fincas agrícolas, ganaderas o forestales.

Dentro de esta figura existen especialidades, entre ellas los Guardas de Caza, cuya función específica es la vigilancia de las fincas cinegéticas y el cumplimiento de la normativa relacionada con la actividad cinegética.

Entre sus funciones destacan:

  • Vigilar y proteger fincas rústicas y cotos de caza.
  • Prevenir infracciones administrativas o delitos relacionados con la caza.
  • Controlar accesos a la finca durante acciones cinegéticas.
  • Identificar personas dentro del ámbito de su servicio.
  • Denunciar infracciones administrativas ante la autoridad competente.
  • Intervenir cuando se detectan actividades ilegales como el furtivismo.
  • Retirar piezas de caza o medios utilizados para cometer infracciones.

 

Pero más allá de estas competencias legales, el Guarda Rural desempeña también una labor fundamental de prevención, información y mediación.

En muchas ocasiones su intervención consiste simplemente en informar a senderistas o ciclistas de que en ese momento se está desarrollando una acción de caza y que, por motivos de seguridad, deben utilizar otra ruta.

 

Casos reales: cuando la falta de información genera situaciones de riesgo

Aunque la convivencia en el campo suele desarrollarse con normalidad, cada temporada cinegética se producen situaciones que reflejan la falta de conocimiento sobre cómo funcionan las jornadas de caza.

Uno de los casos más habituales se produce con ciclistas de montaña que atraviesan caminos rurales sin percatarse de que se está desarrollando una acción de caza en la zona.

También se han dado situaciones en las que grupos de senderistas acceden a una finca señalizada durante una batida o una montería. Cuando los organizadores o el Guarda Rural les informan de la situación, la mayoría comprende rápidamente el riesgo y abandona la zona.

Otro escenario que se repite con cierta frecuencia es el de personas que se acercan a observar una montería por curiosidad al escuchar disparos o ladras de perros.

En la mayoría de estos casos la intervención del Guarda Rural es suficiente para resolver el incidente de forma tranquila.

 

Infracciones, sanciones y propuestas de denuncia

Conviene recordar que perturbar deliberadamente una acción de caza o ignorar la señalización puede tener consecuencias legales.

Las leyes autonómicas de caza contemplan sanciones para aquellas conductas que alteren o impidan el normal desarrollo de una actividad cinegética autorizada.

Dependiendo de la comunidad autónoma, estas conductas pueden calificarse como infracciones graves, con sanciones económicas que suelen situarse entre 300 y 3.000 euros, pudiendo ser superiores en determinados casos.

Cuando un Guarda Rural detecta una conducta de este tipo, puede levantar acta de los hechos y formular una propuesta de denuncia ante la administración competente.

Estas propuestas de denuncia se tramitan posteriormente mediante el correspondiente procedimiento administrativo sancionador.

Cinco normas básicas que todo senderista o ciclista debería conocer antes de entrar en un coto de caza:

  1. Prestar siempre atención a la señalización.
  2. No atravesar zonas donde se esté desarrollando una acción de caza.
  3. Respetar las indicaciones del Guarda Rural.
  4. Informarse antes de planificar rutas por zonas rurales.
  5. Entender que el campo tiene múltiples usos y actividades.

 

La caza como herramienta de gestión del medio natural

Más allá del debate social, la caza cumple una función importante dentro de la gestión del medio natural.

El crecimiento de especies como jabalí o ciervo puede generar daños agrícolas, accidentes de tráfico o desequilibrios ecológicos si no existe control poblacional.

Los planes técnicos de caza aprobados por la administración permiten mantener ese equilibrio y, además, la gestión cinegética implica numerosas mejoras del hábitat que benefician a muchas otras especies de fauna.

Además, la actividad cinegética genera un impacto económico importante en muchas zonas rurales, movilizando a profesionales como guardas rurales, rehaleros, hostelería rural o comercios locales.

 

Conclusión

La seguridad en el medio natural es una responsabilidad compartida. Los organizadores de cacerías deben señalizar correctamente y cumplir las normas. Los cazadores deben actuar con responsabilidad. Los Guardas Rurales deben vigilar y garantizar la seguridad. Y los usuarios del campo deben respetar la señalización y las indicaciones de quienes trabajan en el medio rural.

Porque al final la realidad es sencilla: el campo es de todos, pero para que siga siendo un lugar de convivencia y disfrute, todos debemos respetarlo.